lunes, 8 de diciembre de 2014

Bar El templo

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Dr Enrique González Martínez, Santa María La Ribera, Ciudad de México

Choose life.

Yo quería ver a Irvine Welsh y preguntarle algo en mi escocés alcohólico de Corazón Valiente. Yo quería que Irvine Welsh me rompiera la madre. Pero la vida es cruel con las intenciones de un despreciable vago que tiene poca, o nula, capacidad de concentración para vivir la vida, esa vida que dicen que importa.

A las seis de la tarde llegué a la Vasconcelos, hermosa biblioteca si quieres orinar y dormir la cruda, y noté que las noches comienzan a caer sobre la ciudad a las seis treinta de la tarde.  Hacía frío y el cielo verdoso del atardecer agonizante se colaba entre nubes y humo para reflejarse, apenas, en los vidrios de la estación de Buenavista con una nostalgia de invierno anticipado. Yo quería refugiarme. Yo quería salir de casa y conversar un poco. Yo quería escuchar a Irvine Welsh…
Sergio salió de la biblioteca luciendo esa fuerza de juventud que considero en mí completamente extinta. Dos años hacen la diferencia, supongo. Y bien sabemos cuánto se puede vivir en dos años, en dos meses, en dos días. Estoy cada vez más viejo y el mundo lo nota. Pero, a pesar de lo que yo piense, todavía camino el mundo con cierta necedad juvenil que apenas me mantiene a flote. Sin embargo hay algo que nos diferencia más que la juventud: Sergio tiene fe. Nos saludamos y nos ponemos al día de noticias y dolores; me habla de libros, autores y teorías; me cuenta las dificultades de la literatura vista desde sus ojos y entonces sé que en sus palabras la fe se desborda con una alegría violenta e incontrolable. Me alegro, me alegro y lo envidio. Yo no conozco la fe.

Caminamos hacia Insurgentes esquivando a la gente que se dirige al tren, al metro, al metrobús… Todos viajan con cara de tristeza. Es miércoles y hace frío. Vamos al Chopo, al museo del Chopo, y hablamos un poco más de nuestras vidas, de libros, de Welsh. Nos perdemos un poco entre las oscuras calles de la Santa María e imaginamos qué estarían haciendo esos monstruos imaginarios con los que alucinamos desde hace un par de años. Es temprano, lo sabemos, pero aun así caminamos con un poco de prisa. Ahora estamos bajo las luces de una gasolinera observando las rejas del Chopo y sólo una idea pasa por nuestras cabezas, la misma idea de siempre: cerveza. Entonces recordé un bar pequeño que alguna vez visité sin ninguna intención y que dejé sin ningún recuerdo. Caminamos una cuadra más sobre Enrique González hacia San Cosme y nos encontramos, en la esquina, el sonido inconfundible de un bar vacío. Seis cuarenta de un miércoles y el bar solo nos da cobijo a cuatro personas. Agradable para mí, pero triste escena para los dueños, supongo. El Templo es un lugar pequeño con muchas luces de colores y letreros de tiza. Venden comida. Pero nada importa cuando te ofrecen dos caguamas por noventa pesos o chelas por dieciocho. En realidad no hay mucho más que yo pueda decir. Los baños están en la parte de atrás del local y hay que pasar casi por la cocina para llegar a ellos. La música suena a alto volumen y no es mala. No siempre es mala.

Pasaban las caguamas y la hora de partir se acercaba. Bebíamos tranquilos, pero, en el fondo de nuestros corazones de borracho, sabíamos que no podríamos abandonar nuestros lugares hasta que no nos quedara ni un peso y la última gota de cerveza fuera bebida. Lo pensamos mientras fumábamos en silencio en la banqueta. Podría ser que estuviéramos tristes. Yo quería ver a Irvine Welsh y ya estaba lo suficientemente borracho para gritarle en ese terrible acento escocés que tanto me gusta ocupar. Pero había algo más qué hacer. Después de todo ¿qué tanta importancia pueden tener las palabras de un escritor en una conferencia?

Y entonces todo fue claro… Había que beber y caminar por la noche en busca de un lugar donde refugiarnos. Teníamos que gastarnos hasta el último centavo en cerveza y cigarros. Teníamos que vivir y aprender algo de todo eso. No podíamos hacer otra cosa. Probablemente Welsh hubiera preferido estar con nosotros en ese pequeño bar (eso quisimos pensar). Teníamos que vivir esa borrachera. Teníamos que soportar el sonido meloso del “trovador” que se esforzaba por agradarle a las cuatro personas que lo ignoraban. Teníamos que gritarle cosas antes de huir. Teníamos que preguntarles a las personas que llegaron cinco minutos antes de irnos cómo había estado la conferencia de Welsh. Teníamos que arrojarles nuestro aliento alcohólico y una sonrisa burlona. Teníamos que abandonar el bar con la promesa de regresar algún día para ignorar a algún otro escritor.

Y así lo hicimos.


sábado, 8 de noviembre de 2014

El Jarrito

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Allende 32, colonia centro, Ciudad de México.



Son las cuatro de la tarde de un día tranquilo, caluroso o frío, en realidad no importa. En las mañanas todo parece más colorido, más luminoso, más triste. El sueño aún nos golpea en el rostro con su largo y pesado brazo de hierro. Frente a nosotros pasa el sol en su camino hiriente, rápido, monótono. Son las cuatro y tres minutos de la tarde de un miércoles cualquiera. Tengo sed, tenemos sed.
Entonces, entre la nata espesa de mugre que reside permanentemente en las calles del centro de la ciudad, un olor a pan flota tímido, casi imperceptible. Estoy en Tacuba. Tacuba, la calle del MUNAL, la calle que me ha recibido en sus brazos más de una ocasión. El crujir más sonoro de la ciudad se produce en estas calles, en estos edificios altos y oscuros de otra época, de otro mundo. Pero nada importa cuando la sed es intensa y la mañana de los desempleados, de los vagos inmundos se acerca a su fin. Son las cuatro y diez de la mañana y mis pies saben que el camino ha sido marcado por la sed de la miseria.
Pero yo no soy miserable, ni lo eres tú. Aunque seamos pobres y estemos cansados; aunque estemos viviendo de a poquitos, no somos miserables. Tal vez estemos tristes, eso sí, porque las mujeres son difíciles o porque nuestros padres son una figura ya tan lejana que parecen inalcanzables; porque pasamos toda la noche escribiendo en un cuaderno que arrojamos por la basura en la mañana o porque la música ya no suena en nuestros oídos ni en nuestros dedos.
Caminaron nuestros pies por Tacuba y doblaron con agilidad circense a la derecha en Allende. El sol golpea en los toldos y parabrisas de los autos y la luz que reflejan se incrusta tan cruel en nuestro rostro como agujas candentes. No importa. Hemos cruzado Donceles y escupo en las escaleras de la Asamblea Legislativa para luego cambiar de acera y sentirnos, por fin, tranquilos, tal vez hasta dichosos.
La fachada no importa, nada importa. Al entrar el olor a cloro y limpiador de pisos te golpea justo en la frente. Camino despacio y miro todo, escudriño los rostros que se acomodan en sus mesas y me devuelven la mirada con un gesto de indiferencia. Te miro también a ti y me doy cuenta de que nuestras sombras contrastan con las sucias paredes amarillas. Las sillas blancas y las mesas de madera vieja nos invitan a dar un último paso.
Sentados, resignados ya, vemos la gruesa figura de las meseras moverse en la lejana barra o escuchamos el taconear pesado sobre el tapanco de madera ennegrecida. Una de ellas nos observa y nos sonríe, siempre sonríen. Es ella, la misma de siempre, las mismas manos y la misma falda negra, pero no sabemos su nombre ni recordamos su voz. Acaso todo recuerdo que tenemos de ella es una palabra, una frase, un “¿Qué vas a querer, amor?” rebotando salvajemente en nuestras cabezas. Para ella somos apenas siluetas de las que espera, sin exigir, una propina tan generosa como siempre. Nuestra relación es perfecta.
Pedimos dos cervezas y empezamos nuestras cuentas mentales. Dieciocho pesos, diecisiete pesos… Al final las cuentas no sirven para nada. Rascaremos hasta el último peso de nuestros bolsillos, pero está bien. Todo está bien. Mientras tanto el aire del lugar empieza a cambiar su olor a limpiadores por el fuerte y penetrante olor a orín. Nunca es bueno sentarse a un lado de los sucios baños, pero hay razones para todo. En este lugar, a un lado del baño de hombres y bajo el tapanco de madera sucia, es posible conversar, aislarse de las conversaciones ruidosas de los ancianos borrachos, de las estridentes canciones de la rocola y de las risas y palabras absurdas de los jóvenes que comienzan a llegar conforme la tarde va muriendo.
Dos o tres cervezas después la misma voz femenina se acerca con una sonrisa todavía más amplia y nos ofrece la comida. Son las cuatro y cuarenta de la tarde y el estómago exige el primer alimento del día. Nopales, frijoles y chile siempre, siempre, aunque en preparaciones diferentes. No importa. Comida gratis y cerveza fría. Todo está bien. Comemos. Remojamos el pan en el chile que se escurre por las orillas de los platos adornados con pequeñas florecillas. Después de eso, después del triste espectáculo de la sobriedad inicial, todo será un maravilloso ascenso a la embriaguez.
Una cerveza tras otra. Los tragos grandes. Las palabras corren fáciles y hablamos con facilidad y armonía. La mesa húmeda. La sal regada. Alrededor de cada persona un torbellino de risas y murmullos; un eco que apenas se percibe, pero que se impregna en nosotros. Las corcholatas dobladas. Los cacahuates esperando. Hablamos de muchas cosas y todo fluye. Ya no nos interesa pensar demasiado en todo eso que, bien sabemos, no tiene solución. Todo es fácil y se acomoda en un orden perfecto de ideas que vuelan y mueren para renacer en más palabras aventureras. Bebemos y gritamos. Observamos a las jóvenes mujeres que entran y se sientan en las mesas contiguas. Admiramos sus rostros, su embriaguez casi instantánea y su rubor de juventud desbordante.
Ya es de noche en la calle, sin embargo, en el interior, con las luces, no ha pasado el tiempo. No ha pasado nada. Seguimos hablando y perdiendo el tiempo, bebiendo con alegría y observando a los extraños seres que nos rodean. La gente llega y se va y nosotros aquí, sentados en nuestra borrachera patética, pero contentos, acaso, por nuestra noche y nuestra vida. No importa el mañana, ni el destino que, sin duda, tendrán que buscar nuestros pies esta noche. No importa.

Pagamos la cuenta y le damos la propina a la mesera que se ríe un poco con nosotros. No nos levantamos, nos quedamos observando el último trago que reposa en la botella. Entonces buscamos, arrancamos cada centavo de nuestros bolsillos y  hacemos cuentas. Afuera la noche se hace más pesada y El Jarrito se empieza a quedar vacío. Nos levantamos y compramos en la barra. Alargamos la noche. Hablamos y ahora bebemos a tragos cortos y espaciados. Todo está bien porque ya nada importa.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Bares patrañeros

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Los redactores patrañeros, simios con máquinas de escribir, ya casi acaban las reseñas de los tugurios, bares, cantinas y patios de vecindad a los que algunos miembros, los más jodidos y alcohólicos, de RadioPatrañas han recurrido durante este último año de cruel miseria moral. 
Algunos son buenos, otros no tanto, pero para todos hay en esta villa del señor.

Si quieren que revisemos algún bar en especial, pues disparen las chelas y todo se arregla. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Eric Truffaz-Bending New Corners

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Pues RadioPatrañas, en su búsqueda de música para pachequear, les trae este álbum del trompetista francés Eric Truffaz.
La onda que maneja está de un groovie como para tarde de chelas y gallo o para meditar, sí, para meditar, porque RadioPatrañas no promueve el uso de drogas… o algo así. En realidad, lo único que sí promueve es música y , sobre todo, música buena onda. En éste álbum, por ejemplo, se mezcla el sonido del jazz con el hip-hop, en su versión no malandra, algo más como spokenword. También suena la influencia del post-bop que se sacaba de las drogas Miles Davis en esos tiempos raros de los 60’s y todo el viaje posterior que sufrió el jazz, ya saben: acid, free, nu, fusion, etc. Todo lo anterior resulta ser una mezcla bastante agradable, no tan pesada para los que no son fieles seguidores del jazz, y de una sonoridad muy chevere a la hora de estar medio fumado, o meditando, eso…
Como sea, escuchen a su placer el disco, o algunos minutos y decidan qué tal les parece el desmadre del franchute este…
Radio Patrañas recomienda escuchar éste disco cuando:
1.      Se sienta cansado del sonido de guitarras distorsionadas (cuando se haya escuchado mucho a Sonic Youth, por ejemplo).
2.      Sea la hora de planchar la ropa de la semana.
3.      Sea la hora de planchar, sí, eso otro, pécoros del mal.
4.      A la hora de hacer quiacer.
5.      Se esté pacheco.
6.      Se este ligeramente pedo.
7.      A la hora de leer algo (de preferencia libros sin dibujitos)
8.      Sienta la necesidad de crecer y apreciar el jazz improvisado.

martes, 9 de julio de 2013

En busca de...

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A la redacción de RadioPatrañas, la estación con más hueva, llegó un video de un ciudadano preocupado que nos dice:

"Oigan, no les hace falta ninguno de los locutores? Yo vi cómo se llevaban a un borrachín bien pedo que creo que podría ser uno de ustedes, tiene todo el estilo"

Y nos adjunta este video:

Pues sí tiene todo el estilo de un Patrañero, y ahora que lo dicen, tiene tiempo que algunos programas no salen al aire... Será?

jueves, 4 de julio de 2013

De un reto personal

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Estuve pensando en como pasan las horas cuando uno se encuentra completamente sobrio y la profundidad de mis ideas me aterrorizó. Claro, que la mayoría de ellas tenía que ver más con la misión básica de conseguir un traguito, o un cigarrín, o un algo que ayudara a pasar las horribles vacaciones en casa.
Y es que en estos días de reparaciones en los laboratorios acústicos/espirituales de la primera rama de la secta secreta de Radio Patrañas he tenido que buscar un lugar dónde poder sentarme y beber con mis ideas. Ha sido horrible. La mayoría de la secta patrañera vive diez kilómetros más allá del Fin del mundo, dando vuelta a la izquierda en La chingada y como a tres cuadras de Nomamesestábienpinchelejos, y eso hace, claro, muy difícil que los visite si quiero regresar a tiempo a casa antes del fin del primer lustro de la segunda década del tercer milenio. En contraste, mis camaradas que felizmente visitaría, han partido hacia sus lugares de origen y prometen no volver hasta que sea necesario. El universo me odia y lo sé muy bien.
Me han quedado sólo los bares como opción de supervivencia etílica.
Con todo y mi sufrimiento, pensaba en la sorpresa de varios cuando les comento los precios de la cerveza en los bares que frecuento. Y esto es lo más raro, porque mientras para mí una cerveza de veinte pesos es ya demasiado cara, para muchos es una gran oferta. Yo soy un prángana, Dios mismo es un prángana, Charly es…, bueno, el ni a prángana llega. Me gusta mi cerveza fría, los cacahuates salados, las meseras que te dicen “amor” y las mesas y baños sucios. Sí, me gusta todo lo anterior pues sólo así garantizas el sensato precio de dieciséis pesos por chela. No digo que todos los bares a los que voy cobren eso, pero sí puedo asegurar que en los que sí son así, las meseras me conocen y antes de sentarme me saludan, me sonríen y me dicen: ¿lo de siempre, amor?

Ahora, como parte de una campaña para erradicar la salud de mi hígado, me he propuesto visitar la mayoría de los bares que pueda durante, bueno, mi vida y darles una pequeña reseña/crónica que desvele los misterios más grandes del universo, de los alcohólicos, pues. Así, sin más comenzaré lo más pronto posible a beber por ustedes, mis lectores, mis amigos, mis hermanos, mis, espero, patrocinadores…


¡Salú, pues!

miércoles, 26 de junio de 2013

Sonic Youth, Goo

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Resulta que hace veintitrés años que salió el Goo de Sonic Youth. Sí, hace tanto tiempo que los que lo compraron cuando adolescentes ahora ya ni tienen pelo. El tiempo se ha ido rápido.
La primera vez que supe de la existencia del disco fue, creo, en el 2000  cuando la portada salió en la tapa de una revista, supongo que RollingStone, de esas que cuelgan en los puestos a lado de periódicos, tabloides y revistas pornográficas. Claro que yo lo que intentaba ver era las mujeres en poses sugerentes o, cuando menos, los dibujitos de mujeres en poses sugerentes, pero la portada atrapó mi vista y traté de investigar qué era ese dibujo tan extraño (y feo) y por qué aparecía en una portada de revista. Lo malo de ser niño es que uno no controla sus pasos y tiene que ceder ante el segundo jalón de brazo que las violentas madres ocupan para arrear a su prole. Pues eso, aquella vez mi madre caminó llevándome del brazo a toda carrera y yo me quedé sin saber qué era ese dibujo y, lo más triste, sin ver ningún pezón escapándose de las revistas porno. Tendría unos doce años.
Descubrí a Sonic Youth cuando mi adolescencia era esa rabia estúpida que me impedía seguir escuchando la música con la que crecí. Sin embargo, en esa época conocí tanta música, que muy pocos grupos sobrevivieron los años, las fiestas y la idea perentoria de que hay que escuchar lo que tu novia en turno escuche para llevar las cosas como la seda. La adolescencia es una época difícil para todos.
A mis veinte años, después de que la casera de la primera guarida patrañera nos corriera porque, según ella, fumábamos mucha yerba, regresé a casa de mis padres a encontrarme con la caja de discos que había dejado y ahí, claro, hundí las penas depresivas que implican regresar a casa fracasado. Sonic Youth apareció al poco tiempo y resultó una gran sorpresa.
Su música resulta difícil, a veces, pero tiene ese factor único que atrapa la atención de los escuchas dispuestos. Desde sus primeras grabaciones de corte punk y su evolución hacia los discos fáciles, hasta la reinvención, o experimentación retrospectiva, Sonic Youth tiene ese sonido noise que lo define en el papel. Juegan con los tiempos, con las afinaciones, con los efectos, con las letras y con la parafernalia multimediatica que sostiene sus fuertes y energéticos acordes. Tiene fuerza también la presencia en la escena que ha ejercido durante tantos años. El Goo salió en el ’90, dos años después del gran despegué con el Daydream Nation (la portada de éste y la banda, que se roba la comida de Peter Frampton, salen en el capítulo de los Simpsons en el que Homero se vuelve el hombre bala: Homerpalooza, así de famosos fueron.) y esto, claro, lo ubica en los años de formación del grunge, que posteriormente dejaría escuchar su influencia en el siguiente disco de la banda. De hecho en la gira europea del ’91 compartieron escenario con Nirvana y en el video del último sencillo del Goo, Dirty Boots, la protagonista usa una playera de Nirvana. Lo último resulta algo curioso pues el video fue lanzado meses antes de que el mundo se enterara de la existencia de Cobain y Nirvana tras la publicación de Nevermind.
Como sea, Sonic Youth resulta una de las bandas que valen la pena escuchar por lo menos unos meses en la vida. (En la foto simpsonizada de la banda encuentran cómo escucharlos, ya saben, pranganas)




lunes, 29 de abril de 2013

On the Road

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Creo sinceramente que viajar en auto por largo rato es un placer incomparable. Claro que me refiero al placer general del viaje y no al poco placentero dolor de nalgas espalda y brazos que provocan estos viajes. Sí, es harto chulo viajar con la seguridad de tener la casa en pleno movimiento; con esa maravillosa sensación que obsequia el control total sobre el itinerario.
El viaje resulta tan grande como el bolsillo, o el bolsillo del amigo, en mi caso, por supuesto, soporte llevarnos. Hay pequeños viajes que resultan intensos, pero esa descarga de adrenalina supone la difícil evasión de los puntos de revisión del borrachometro y la caza permanente de nuestros ímprobos oficiales. No sé que tan agradable resulte ésto para la mayoría de los borrachos (Yo aún admiro al señor Vampiro que, además de enseñarnos a bailar duranguense, se mueve cada Viernes de mezcal con la consigna de “no bebo porque tengo que manejar”), pero supongo que por el grado etílico resulta, sin más, una experiencia olvidable, deleznable o, incluso, ridículamente fácil.
Todo esto lo digo porque una película me ha recordado una lectura que me recordó un viaje. En estos días se proyectan las películas del 33 Foro internacional de la Cineteca y entre ellas se encuentra un filme titulado On the Road (En el camino). Y sí, está basada en el libro de Kerouac que muchos endiosan sin haberlo siquiera hojeado. Representante de la generación beat, viajero incansable, rebelde, trabajador ferrocarrilero… A mi no me gusta su escritura, lo digo abiertamente aunque el sector underground me miente la madre y me diga; “tu has de leer a Coelho, pinche puto.” Pero no, no me gusta. En general, la literatura beat me desagrada pues la siento en extremo descuidada y con fallos que a veces rayan en lo imbécil. Claro que también considero problemas como la normalización de las drogas y el cambio del horizonte de expectativas. Y sí, sí me pongo tremendamente feliz con algunos versos de Howl (Aullido). Lo que me resulta indudable es lo interesante de la vida de los creadores pertenecientes a esta generación. Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Cassady… Con la vida de ellos, y más pertinentemente, con el alcohol y drogas que habitaron sus jóvenes cuerpos, tendríamos para dos de nuestras vidas (aunque algunos intentamos que ese margen se reduzca).

Y les digo todo esto para que vayan a las sedes de la Cineteca a ver esta película que si bien será, seguramente criticada por los lectores, puede convertirse en un rato agradable para esos que no abren un libro ni para sacar la bacha que guardan en ellos. Además, digo, pueden verle las (pocas) tetas a la chica de Crepúsculo, Kristen Stewart…

Vayan rápido que la quitan, patrañeros, no todo en la vida es porno, alcohol y series…

Acá abajo encuentran los horarios (pondría el video de las tetas de la Kristen, pero ya nadie iría a ver la película, culeros.) 









viernes, 26 de abril de 2013

De la vez que me acordé de un libro por andar borracho.

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Caminaba por el metro algún día pensando en lo importante que había sido en mi vida aquella noche de parranda vivida hacía apenas unas horas. El olor del mezcal brotaba de mi lengua a cada palabra que me animaba a lanzar al viento viciado de los túneles. Escuchaba los pasos, las voces, el llanto de un horrible niño que parecía tener como único objetivo el impedir mi sueño. Lento, pesado, angustiante. Mis dedos comenzaban a temblar en el vórtice del malestar de la resaca. El sudor cubriendo mi frente y los espasmos destruyendo mi garganta. Por un momento creí que todo estaba perdido y que mi destino se encontraba en el suelo del sucio tren; en la podredumbre de la ignominia.

De los resultados, que mantendré en secreto por el bien de la humanidad, debo reconocer que no aprendí nada, absolutamente nada. Sin embargo, una vez que hube reunido la cantidad de información suficiente logré armar el rompecabezas del viaje en metro y súbitamente recordé algunas escenas leídas en algún libro. Sonreí un poco.

Yo leo para escaparme de los días y del mundo, para matar a los hombres que odio y para asesinar al tiempo. Leo porque no todo el tiempo puedo estar bebiendo. Leo porque no todo en la vida es salir al mundo a buscar aventuras y encontrarse con que los pies no son tan aventureros como se pensaba. Leo porque me aburro fácilmente. Leo. Y en esas lecturas a veces encuentro terribles torrentes de vómito infecto de letras. En ocasiones, las más extrañas, me saltan las letras en forma de maravillas estructurales carentes de emociones comprensibles. Alguna que otra vez me encuentro con belleza pura, así, sin más. Como sea, siempre estoy a la caza de eso que me saque de la rutina, del terrible sufrimiento del niño gritón del metro. Siempre hay algo.

La escena que recordé pertenece a un cuento largo, El perseguidor (la historia de un saxofonista, un gran saxofonista… la historia de días crueles en la vida de Charlie Parker.), de Julio Cortázar. Sí, ese extraño cuentista que dicen que era argentino, que dicen que era latinoamericano, que digo que es un francés que escribía en español y que, por cierto, lo hacía muy bien. Sí, supongo que algunos, la mayoría, que tenga Facebook ha leído un poco de él,  ese hit que le significa su “Capítulo 7”, en Rayuela: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca,...” Y sí, está bueno para leer cuando se quiere agarrarle más que la mano a la novia, pero la narrativa de Cortázar no se queda estancada ahí, en esas palabras dulzonas, en esos memes de adolescentes enamorados.

Yo les recomiendo que lean Las armas secretas que es el libro en donde viene el cuento del saxofonista que recordé. Y para que vean que un patrañero es tremendamente bondadoso, les pongo acá abajo un link para que se descarguen la obra completa de Cortázar, que  alguien, aún más bondadoso, subió.

¡Lean, patrañeros de todas las condiciones, lean!

(Piquen el ojo de Cortázar para irse a descargar sus libros)


jueves, 28 de marzo de 2013

Demos gracias

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Uno es un culero muchas veces. Un hombre vil que sólo quiere satisfacer las necesidades primarias. Y con la mayor honestidad en la lengua podemos decir que Dios fue generoso, muy generoso, con nosotros los hombres. Sí, es cierto que ser mujer tiene ventajas que a veces nos hacen maldecir y sentirnos discriminados por tener un pene (que una mujer ponga cara triste en un bar para que alguien le compre una cerveza y le resulte,  me resulta bastante desvergonzado e injusto). Yo no sé mucho de la vida, pero puedo decir que nada supera nuestra capacidad de orinar parados y, sobre todo, nuestra feliz incapacidad para parir. Como sea, hoy, en una especie de tributo o reivindicación de los esfuerzos femeninos por el alcance de la belleza corporal digna del porno o de las tangas coquetas, he decidido mostrarles a todos ustedes, hombres culeros, un vídeo que ojalá promueva sus ganas por decir un "gracias" antes de sacar su cigarrillo y acomodarse para roncar.

Vean nomás:


miércoles, 27 de marzo de 2013

Cambio de paradigma estético en las novelas de las ocho.

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He visto muchas bazofias, pero esto es
la mayor bazofia entre las bazofias”
Homero J. Simpson 

Durante los noventas nuestra generación, la generación que ahora domina el Internet y lee ésto, vivió un intenso bombardeo mediático. Los medios de difusión electrónica eran diferentes, la vida era diferente. Los contenidos transmitidos eran, por supuesto, diferentes. Somos los nacidos a finales de los ochentas y principios de los noventas; los que se educaron con las caricaturas de MTV y Nickelodeon; los que tomamos a DragonBall y Los Simpsons como máxima cultural. Somos la generación de las telenovelas infantiles.

Es un hecho que durante los noventas la extensión de los sistemas de televisión por cable era poca. Algunos veían Nickelodeon, pero la mayoría se tenía que conformar con Canal5, Azteca7 y, para los adolescentes o niños más aventurados, Canal4. La televisión abierta como parte esencial de nuestra educación, sin duda. Y esto no tendría nada que  ver con las telenovelas si no fuera porque a mediados de esta década surgieron las telenovelas infantiles. Telenovelas que se sumaron a las ya consistentes telenovelas para adolescentes formando así, sin temor a equivocarme, el sistema de educación más importante  para la masa no adulta mexicana de la época.

A las cuatro de la tarde, en punto, comenzaba el adiestramiento sensorial con alguna canción que se convertiría, por arte de magia mercadotécnica, en una de las canciones más escuchadas en la radio. Los argumentos eran dignos de la monstruosa máquina creadora de Televisa, pero con la importante inclusión de niños para un mayor impacto emocional. Funcionaban, sí. Muchos niños fueron fieles seguidores: soldados puntuales, compradores jodepadres, enanos de lágrima fácil. Es fácil recordar a niñas como Daniela Luján o Belinda como las estrellas del momento.

¿Pero qué pasaba a las ocho de la noche?

Nuestras madres luchaban por ver su novela. Cuántas veces nos perdimos Los Simpsons por su culpa o fuimos relegados a la “tele chiquita”. Sí, a esa hora se reunían nuestras madres que fueron educadas todavía con el sistema de telenovelas duras. Esas novelas en las que todo el mundo sufre y sufre, esperando lo mejor del mundo y que al final siempre se termina con una hermosa lágrima de felicidad que vale oro. Sus resultados eran implacables. La gente que creció con esa estética novelera se pasaba todo el tiempo preocupado por el final abrupto del día anterior. Las conversaciones siempre llegaban a ese punto. La gran máquina de Televisa funcionaba perfectamente. La formula era sencilla: personaje jodido que busca ser feliz; personaje malévolo que hará todo lo posible para impedirlo; relación amorosa entre personajes en apariencia incompatibles; personaje que se interpone en la relación amorosa; aparente felicidad; algún acontecimiento terrible que saque lo peor de los personajes; revelación de un secreto definitivo; triunfo del amor; boda.

Esta estética novelera aún existe y tiene un considerable éxito. Sin embargo, un fenómeno interesante sucedió hace unos años. Los horarios estelares en los noventas, en cuanto a novelas, fueron: las cuatro de la tarde para niños y ocho de la noche para adultos. Hoy sólo queda el horario nocturno como el horario estelar. Y es fácil observar cómo cambió el paradigma estético en las novelas transmitidas en este horario. Hemos cambiado, hemos crecido. El público al que ahora va dirigida esa programación incluye a nuestra generación, la generación que vio El diario de Daniela y Amigos x siempre. Nosotros hemos marcado un hito para los analistas de programación de las grandes empresas de televisión pública. El Internet y la expansión por abaratamiento de la televisión por cable han hecho que nuevos contenidos lleguen a nosotros y que creamos necesaria la evolución del entretenimiento aunque esto, en ocasiones, provoque la creación de quimeras horrendas que terminan por morir victimas de su propia estulticia. Nos encontramos en un escenario que los ejecutivos televisivos aún no han podido descifrar del todo. Canal9, el canal de las repeticiones y novelas extranjeras, ha tenido, por lo menos, dos éxitos que luego fueron adaptados y “nacionalizados” para disfrute del público mexicano. Yo soy Bety, la fea fue, de hecho, uno de los grandes acontecimientos que provocaron este cambio de paradigma. Después de su éxito en canal9 se hizo una versión mexicana transmitida, claro, por canal2 a las 4 de la tarde, horario familiar según se anunciaba por ese entonces. Poco tiempo después, se decidió que el horario de transmisión se cambiara a las 8 de la noche. Algo drástico pues, además de las cuatro horas de diferencia, se le estaba otorgando el horario estelar a una novela cómica, de argumento colombiano y que en principio había sido planeada para ocupar un horario de relleno. Claro, que analizando La fea más bella, como se llamó en México, podríamos argumentar que la trama es muy parecida al de  las novelas duras, las novelas de llanto eterno, pero esto no sería del todo correcto. Los programas que se han quedado con el antiguo modelo, La rosa de Guadalupe, Como dice el dicho, y que, irónicamente, ahora ocupan el horario de las cuatro, son los de apariencia más ridícula para nuestra generación. Nos pusieron enfrente un nuevo sistema de símbolos. Nos enfrentamos al problema de la interculturalidad. Televisa ha dejado de ser el gran monstruo que algún día dominó el sentimentalismo mundial. Desde entonces, desde ese dos mil seis, todas las novelas que han sucedido en ese horario han tenido las mismas características cómicas y de extranjería. Nos quitaron las lágrimas y nos dieron risa.

C.S.


lunes, 25 de marzo de 2013

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Hay cosas difíciles de entender en este mundo.

No entiendo, por ejemplo, cómo es posible que haya gente a la que le resulta repugnante el mezcalito en botella de plástico. El Tonayita ha mantenido fuera de este mundo a gran cantidad de adolescentes y jóvenes pranganas que apenas pueden sostener sus vicios. ¡Y todavía se le desprecia!

No entiendo por qué razón alguien pagaría cantidades ridículas de dinero por algo que pueden conseguir gratis en la red.

No entiendo cómo es posible que la cruda siga siendo un problema en pleno siglo XXI.

No entiendo cómo es que hay llenos en conciertos de reguetón y de Luis Miguel, si los precios de las entradas son, en ocasiones, ridículos abusos.

No entiendo cómo es que hay lugares todavía para el concierto de los Stone Roses. Dicen por ahí que existe la posibilidad de la cancelación pues la venta no supera el 20% de los lugares disponibles aún con el cambio de sede a un lugar más pequeño. Yo sé que tal vez mucha banda no los conoce, y quizá eso es algo que me resulta más difícil aceptar, pero es en realidad una banda que me resulta tan buena que incluso podría colarse a la altura de los grandes.

Escúchenlos y pues, si quieren, lean un poquito de ellos en la Wiki.



(Sí le dan click AQUÍ, pueden pasar cosas mágicas, como descargar su disco gratis de la red, pues.)

martes, 19 de marzo de 2013

Noticias divinas

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Todos hemos sufrido el sermón odioso de los abstemios, pecadores infieles, que alegan que la bebida nos mata las neuronas a cada trago de vino, la sangre de cristo pues. Bueno, ya han demostrado que todo eso es una mentira, ¡una horrible mentira! La revista Algarabía nos dice:

"Diversas pruebas practicadas a individuos alcohólicos y abstemios no mostraron diferencias significativas en la densidad de neuronas entre unos y otros; de hecho, se ha demostrado que el consumo moderado de alcohol favorece la cognición intelectual, pues aumenta los receptores neuronales."

Así que no se dejen sorprender, camaradas patrañeros, si el alcohol nos hace daño, es porque ya somos medio pendejos desde antes de beber o durante nuestro ritual etílico ( y nos jode el hígado y riñones y cosas en las que no vale la pena pensar cuando se es un bebedor dedicado y responsable).

De cualquier manera Radio Patrañas, la estación más beoda, les recomienda cuidarse cuando beban porque ya saben que 'culo dormido...'

El artículo original lo pueden consultar aquí.

sábado, 16 de marzo de 2013

¡Alerta!

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Son tiempos difíciles. En las calles de las ciudades hay personas que no respetan nada. Nada. En Radio Patrañas, la estación con más caguamas, nos hemos encontrado con un video aterrador, asqueroso, absurdo, maligno… ¡Una maravilla, pues! Y es que en nuestra infinita sabiduría hemos decidido denunciar a una señora que clama ser alguien que, en definitiva, no es. Les presento la evidencia:




Todos sabemos que el único Dios trabaja en Radio Patrañas, ¿no? Sí, es cierto que la doña tiene buenos argumentos y un bigotillo casi tan prominente como el del verdadero Dios, sin embargo, y aunque le duela profundamente, la señora esa carece del sello de autenticidad, notariado por el Oso patrañoso, que Dios, ¡oh santo programador!, porta orgulloso entre sus nalgas.

Son tiempos difíciles, compañeros. No se dejen engañar. 



lunes, 11 de febrero de 2013

Radio Patrañas

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Siempre en Kontra


Inicio aproximadamente en el mes de febrero del 2007 con la inquietud de poder expresar por medio de la música todo aquello que molesta y/o afecta como ciudadanos, a través de géneros como el punk, ska, hard core y más ritmos, cabe recalcar que en esta época nadie había tocado jamás un instrumento en las cortas vidas de cada integrante.
Después de dos meses de ensayos y unos escasos temas propios en abril del 2007 fue nuestro primer evento junto con los Guanábana de Puebla de ahí nos dedicamos a componer temas propios por lo que resto del año en ese mismo año fue cuando hubo la primera salida de integrantes (MICK bajista) lo cual no desmotivo al grupo por las ganas que teníamos de seguir en la música.
En los inicios del siguiente año (2008) uno de los guitarristas y fundadores del grupo (Israel Rguez - ORI el ahora Manager) sufrió un accidente el cual lo deja fuera del grupo y entra en su lugar otro guitarrista (Esaú-TACHI) él que ya tenía algunos meses estando en los ensayos y junto con él entra un trompetista (Ángel-GORDO) así se siguió ensayando sin bajista ya que no teníamos presentaciones fue hasta que entonces se unió al proyecto un amigo del grupo al bajo (TERMITA) y también un trombonista ( Fernando - RECO) esa fue la alineación que duro algo solida un tiempo y con la cual hubo algunas presentaciones locales. 

miércoles, 6 de febrero de 2013

Tanto de ti Riveros 1

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Riveros

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Ignorando a las tendencias de moda en Chile, Riveros hizo siempre al frente de Truman un camino con personalidad propia y canciones sin fecha de vencimiento, asi es como el grupo dejó en la memoria de sus seguidores canciones como 'Crecer''Silencio' y la inolvidable balada 'Descifrarme'.
Durante cientos de noches durante diez años, Riveros hechizó y sorprendió a las audiencias que llegaron a verlos en diferentes escenarios. Su poesía, su intensidad en la interpretación, y por supuesto, sus llamativos vestuarios diseñados por el mismo, lo perfilaron como un artista único, lo que atrajo la atención de los medios mas despiertos, quienes los calificaron como "el show mas hipnótico de Chile" y a Riveroscomo "Un cantante que se atreve a sacar la voz como pocos", calificativos que le han acompañado en toda su carrera.
Con Truman dejó los discos "Sueños al Oído" (EMI/2007), el que contiene media decena de singles que les dieron reconocimiento y un público fiel, luego vino "Lazos" (2008) el primer disco de lados B editado por una banda chilena, y cuando estaban a sólo días de publicar su segundo trabajo de estudio, el grupo se disolvió sin despedirse de sus fanáticos. Ese álbum inédito se transformó así en el eslabón perdido del artista que Riveros es hoy.
Luego de haber logrado con Truman el status de uno de los mejores shows de banda en vivo de Chile, haber compuesto mas de una treintena de canciones de especial belleza, y haber ofrecido centenares de conciertos, todo llegó repentinamente a su fin. Riveros

lunes, 4 de febrero de 2013

Radio Patrañas

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Riveros suena esta semana en Radio Patranas, escuchanos todas las noches y enterate de mas mientras te dejamos algunos datos interesantes de Riveros.

Probablemente Mauricio Riveros sea uno de los únicos artistas chilenos de su generación que ha construido un concepto en sí mismo a través de su personalidad estética, su siempre sentida interpretación y la poesía que ha repartido entre sus discos. Así ha sido desde que debutó a comienzos de la década del 2000, liderando el desaprecido grupo Truman, y más tarde con la madurez alcanzada sólo con su apellido, marca con la que ha enfrentado su carrera en solitario.

Disculpe Usted.... Pero Existimos.

domingo, 20 de enero de 2013